jueves, 3 de febrero de 2011

Los Nocturnos de Chopín




Hay muchas maneras de conocer a las personas, sin duda una de las más inspiradoras y sensibles es a través de lo que expresan sus almas, desde mi ventana, percibo el alma de mucha gente por medio de tele presencia o en ciertos casos por su afinidad con la música.

Precisamente en la música, conseguí la puerta de entrada de un alma por intersección de los nocturnos del compositor y pianista Fryderyk Chopín (1810-1849).

Fryderyk compuso en casi quince años más de veinte melodías dulces y libres en su estructura, es decir, piezas tocadas a ratos generalmente en veladas, muy cortas de tiempo conocidas como “nocturnos”, los mismos pertenecen a distintos números llamados “opus”, o sea obras. Conocemos opus desde el op. 9 hasta el póstumo op.72 de este compositor.

Hay un nocturno que no deja de ser tan hermoso como los demás, tan especial que me cautivó, que entrelazó mi alma, ...el opus 55, en realidad son dos, uno en fa menor y el otro en mi bemol mayor, fueron compuestos en 1843 y los mismos inspirados y dedicados a una señorita de nombre Jane Stirling en el año 1844.

En esta obra nocturna, op.55, siento la emoción de percibir la sensibilidad más delicada, la más sublime, la más enternecedora pero con arrebatos muy marcados de pasión, de impotencia, de desesperación, con matices de claros y oscuros, con un tacto perfecto de cada nota que acaricia recuerdos, situaciones y momentos dentro del más puro amor.

Fryderyk Chopín nos ha dejado un legado musical de gran transcendencia, donde nos expuso no solo su talento sino que nos mostró sus emociones, sus esperanzas, frustraciones, anhelos, amores y desamores brotando en cada partitura un espejo de su alma o quizás de la mía propia.

Artículo: Eduardo Medina Guevara

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